lunes, 2 de diciembre de 2013

Viaje interior

El primer país extranjero que conocí fue México. Mis papás se fueron a estudiar por allá cuando yo tenía 3 años y al llegar por allá un poco más de 20 años más tarde lo primero que se me vino a la mente fueron los olores: el olor a fritangas, a tortilla caliente, a chiles y carnes ahumadas, olores que penetraban mis fosas nasales y me hacían sentir como en casa. A mucha gente este olor le podría parecer desagradable, por lo rancio o por lo intenso, a mí no, era como revisitar mi niñez más temprana, una niñez que ya parecía ajena. Los olores los sentí desde que salí del aeropuerto y entré a la estación de metro rumbo al lugar donde me iba a alojar y fueron más fuertes al salir de la estación y caminar por las calles buscando la dirección exacta a donde tenía que llegar. Ya tenía apuntada una ruta, si bien no me eran familiares las calles, no tuve ningún problema para llegar a mi destino con mi mochila y maleta, pues ya tenía una ruta trazada por esas ventajas de la modernidad y el internet. Mis anfitrionas no tenían ni idea que iba a llegar. Y es divertido ahora pensar que les di esa sorpresa.
Había conocido a Mónica, en esa época una maestra mexicana, en el dormitorio de Minami Senri en Osaka, yo vivía en un dormitorio vecino y ella estaba visitando a Rosa María otra mexicana que formaba parte de mi grupo de latinos en Japón. Mónica, entre los visitantes mexicanos que recibía Rosita esporádicamente era quien mejor me había caído y quien más tiempo estuvo en contacto con nosotros a pesar de estar estudiando en otra ciudad. Se había hecho además amiga de Pauline, la vecina de cuarto de Rosita de quien además yo me había enamorado. En Japón había convencido alguna vez a Rosita y Sinhue, los mexicanos de este grupo de amigos, en ir a visitarla a sus ciudad y fuimos y nos divertimos mucho. Para entonces Pauline había regresado a Francia y yo estaba tratando de sacarla de mi mente. Lo cierto es que no pude. Tiempo después, ya regresados todos a nuestros países, Pauline se puso en contacto con Rosita y Mónica que vivían en la capital para darles el encuentro, pues siempre había tenido planes de vivir en latinoamérica, estuvo viviendo un tiempo con la familia de una de ellas o de las dos, ya no recuerdo bien y luego, cuando ya encontró trabajo y comenzó a sentirse más estable, le propuso a Mónica mudarse a compartir un departamento.
Tengo que confesar que me tomé mucho tiempo en decidir ir a su encuentro, ya había pasado más de un año de mi regreso de Japón y Pauline ya había comenzado y terminado una nueva relación con un mexicano. Cuando se me ocurrió darles la visita, calculé una manera para que estuvieran preparadas para acogerme sin saber que tendrían que hacerlo. Comencé por pedirle a Pauline asilo para una amiga mía a la que además le había dicho que quería mucho. Mónica, me contó Pau, se negó rotundamente. Ella no quería estar hospedando extraños y hace poco me enteré que hasta pensaba que "mi amiga muy querida" podía ser hasta mi novia y quién iba a saberlo. Lo cierto es que a pesar de la negativa de Mónica, logré insistirle tanto a Pauline, quien me tenía mucha consideración, que la convencí de que hicieran un campito para recibir a esta invitada unos pocos días. Y así partí para allá, con esta historia de fondo, un mapa para ubicarme en la megaciudad, una sonrisa traviesa y muchas ganas.
Cuando encontré el edificio, practiqué una voz que sonara femenina, pero no afeminada, antes de tocarles el intercomunicador. Había llegado muy temprano y no me respondían, tuve que tocar dos veces. Es curioso que me venga el recuerdo, pero a este personaje que había creado, le había bautizado con el mismo nombre de quien no quería recibirla. Así que me identifiqué como "Mónica, la amiga de Jorge" con un acento que ahora pienso sonaba a colombiano, cuando me preguntó la voz adormilada de Mónica quién era. Entré al edificio, subí el ascensor y ya estaba allí. Cuando Mónica me vio, no supe si ya se había dado cuenta de mi trampa, al parecer no. Me dio un abrazo con su cara de sueño y yo la saludé con un besote, mientras ella llamaba a Pauline, ahora cómplice de mi travesura diciéndole que ya había llegado la amiga de Jorge. Pauline salió toda legañuda y con la cara aplicada de cremas que yo lamí al verla recién, para mayor sorpresa suya. No se había imaginado para nada que sería yo quien aparecería en la puerta. Luego nos dimos un abrazo fuerte y sentí que era como si nunca nos hubiéramos dejado de ver. La mejor sorpresa que habría podido preparar resultó un éxito, pero me quitó mucho tiempo para compartir con ella, que quizás hubiera podido hacerse un tiempo libre para mí de haber avisado. A mi amiga no pensaba atenderla tanto.
La tercera vez que visité México fue por el fin del mundo. Decidimos con algunos amigos ir a México juntos a visitar ruinas mayas el año en que los antiguos mayas habían determinado como el fin de los tiempos o cuando se acababa su famoso calendario. Mis amigos cancelaron sus planes de ir en este rumbo y yo, terco y porque ya me había hecho la idea, decidí persistir en este viaje. Volví a ver a Mónica y recordamos con Rosita y Sinhue mi visita anterior y nuestra época japonesa, luego partí a Tulum y conocí un poco de sus alrededores, la pasé muy bien.
Ya no pensaba volver a México en mucho tiempo, aparentemente mi órbita me haría regresar en no menos de 10 años, pero algo pasó. En el invierno hice un viaje al interior del país y pensaba no salir fuera en lo que restaba del año, pero la conocí. Ingrid había venido, así como una bandada de españoles, una pareja de franceses y otra de uruguayos a atender niños y grandes a pequeños pueblos de la sierra y de la selva. Algunos conocidos me habían contado de esta ONG que hacía ese tipo de intervención y estuve contactando a la encargada en Lima para que me incluyeran en el viaje de este año y a pesar de recibir muy poca información, supe que estaba aceptado. Ingrid, era mexicana, de Puebla más exactamente (como Sinhue) y fue de las primeras en buscarme conversación. Me sentí muy rápido en confianza con ella, yo había recién estado el año pasado en México así que tenía un poco de qué hablarle, al menos más que a esta banda de extraños. Nadie me había dicho que iba a ser yo el único peruano. Me senté a su lado y traté de hacer un poco de conversación con el resto, se me hacía poco fácil recordar sus nombres, incluso el de Ingrid.
El viaje al interior terminó siendo una experiencia alucinante, en pocos días me sentí hermanado con este equipo maravilloso de gente con el que habíamos compartido casi tres semanas, pero tantas experiencias mágicas que ya eran seres queridos, sobretodo Ingrid. Ingrid me cautivó poco a poco y cada vez más intensamente, a la mitad del viaje ya sabía que estaba enamorado de ella, pero no se lo iba a decir, indudablemente esta experiencia había sido muy intensa, pero tenía un final programado muy cerca. No he tenido buena sensación con los amores fugaces y la distancia no es algo que me agrade mucho para ser muy francos. Quería, sin embargo, que sienta que ese cariño que sentía por ella era mayor que el que le tenía al resto del grupo, pues a todos les guardo mucho afecto. Durante el viaje habíamos estado muy apegados y a su regreso(me había apartado del grupo unos días antes) no podía ocultar que la había extrañado más a ella. Ingrid se fue a su Puebla, a su Cholula, más exactamente y yo me quedé con la dulce idea de haberla conocido y compartido un momento de amor con ella, no me importaba si no había sido suficiente, pero estaba muy contento de que hubiera pasado, de que hubiera sentido esto nuevamente por alguien aunque sea sólo ese instante. Me quedaría el recuerdo de Ingrid por un buen tiempo y me hacía bien.
Fue más que eso, Ingrid y yo no perdimos el contacto, ni del resto del grupo, teníamos una conversación abierta para todos en el Whatsapp y nos mensajeábamos cada cuando dentro y fuera del grupo. Un día Ingrid me confesó que sentía miedo de saberse enamorada de mí, ella dio ese primer paso. Le contesté que era un sentimiento mutuo, pero luego los mensajes parecían enredados e inconclusos, a ella le dio la percepción de que yo la quería olvidar cuando, por el contrario, nacía en mí un deseo inminente de volverla a ver y de saber hasta dónde podría llegar este sentimiento. Un día le escribí una idea descabellada y proyectada a mil en la que prácticamente le pedía que formara parte de mi vida. Era un plan macabro que consistía en acudir a buscarla en su Puebla y viajar juntos dentro de su país y luego volvernos a ver en Uruguay, a donde ya habíamos planteado irnos en febrero y entonces enamorarnos de tal manera que nuestros destinos se enlacen y no queramos separarnos más. Ingrid también había volado alguna vez cuando me escribía, fue ella quien me dijo que no se podía escoger una pareja de vida a la ligera, lo que me hizo pensar en un plan a largo plazo. Y sí, sí me podía imaginar un futuro con ella, una familia, una vida compartida, niños, mascotas, felicidad. Y hacerme esta idea sólo aumentaba mis ganas de verla y poder abrazarla y besarla, pues durante el viaje anduve en plan de amigos tímidamente. Cuando le revelé mi plan ella se asustó, repentinamente, este ser alejado del que ella pensaba que no tenía ningún interés verdadero por ella, le estaba poco más y proponiendo matrimonio. Un día me dijo que su mamá le había advertido que ella no salía de Cholula sin estar casada. Me sorprendió que lo estuviera contando, luego supe que prácticamente en su familia todos sabían. Pensé que ella se lo estaba tomando en serio y no me desagradaba, es más me gustaba mucho. Nuestro acuerdo comprendía mucha libertad, no nos conocíamos tanto, pero queríamos conocernos más. Y si encontrábamos alguien en el camino que valiera la pena, pues no sabíamos, pero no nos lo podíamos impedir. Creo que eso de que valiera la pena, me lo inventé yo, porque Ingrid fue un día a la capital de su país y besó en los labios a un compañero suyo al que le tenía cierta curiosidad. Ingrid me empezó a mandar una historia que estaba escribiendo en base a su vida amorosa y algunos incidentes que le habían dañado los sentimientos, conocer ese lado de ella, me hizo quererla más, era una persona real que correspondía a este sentimiento de amor que yo tenía por ella. Quizás me estaba entusiasmando de más, pero decidí comprar mi pasaje a México, le consulté sobre fechas y decidí de pronto que pasaría mi cumpleaños por allá, no tenía ganas de estar en Lima haciendo lo de siempre esta vez.
Otra vez a México y en seguida me puse en contacto con Sinhue que vive en Puebla. Le conté sencillamente a qué iba a poco tiempo de partir y le solicité hospedaje. Cuando le dije a Ingrid que ya tenía mi pasaje, creo que se sintió mal. Tenía una sonrisa seguramente, pero de nervios. Un día me contó, poco antes de que partiera, lo del amigo que había besado. Lo hizo durante una videollamada. La expresión en mi rostro debe haber sido muy fácil de leer. Me sentí defraudado, sentí que a mí me estaba importando esto mucho más que a ella, traté de conversar un poco más al respecto, ella no hacía otra cosa que fijarse en la mala impresión que esto me había causado y yo no podía ocultarla, así que cuando acabó nuestra conversación me costó mucho tomar el sueño. ¿Estaba haciendo algo equivocado? ¿Bastaba sólo mi amor? Me tomé un día de reflexión. Ya en ese momento quizás era mucho tiempo, me estaba acostumbrando a comunicarme con ella en cada instante, iba más seguido a casa de mi mamá para poder tener acceso a Internet, así que desconectarme un día, se debe haber sentido como mucho, pero no podía estar tanto más sin comunicarme con ella tampoco. Mi pasaje ya estaba comprado. ¿Qué iba a hacer? ¿Hacerme el ofendido por algo que habíamos dejado sentado desde el principio? Definitivamente no. Ella estaba siguiendo su vida, yo era un tipo que podía decir y decir cosas, pero que quizás no había tocado realmente su corazón. En esa conversación además detecté la necesidad de que por mi parte también hubiera pasado algo. Entendí entre líneas que por ser yo hombre, ella pensaba que de hecho tenía que haber pasado algo. Pero no y se lo había explicado claramente, que cuando me fijo en alguien, dejo de tontear con otras. Sé que no tenía que creerme. ¿Qué tanto podría saber de mí? Su duda me ponía en sobreaviso, no sabía de mí y no me conocía.
Le mandé un mensaje para que volviéramos a hablar y explicándole que estaba enojado conmigo mismo, no con ella. Le expliqué lo de estar con alguien que valiera la pena. Me dijo que no había entendido eso, que eso había sido algo eventual y sin importancia. Decidí hacerme la idea de que para mí tampoco era eso importante. Ella siempre cuestionaba el hecho de cometer esta locura, entre tanto iba averiguando sobre escuelas de especialización para poder continuar estudios. Eso se volvió otro obstáculo más, quizás uno más fuerte. Traté de convencerla que podía estudiar sin que eso significará nuestra separación. ¿Estábamos unidos? Le proponía esto bajo la idea de que quisiéramos estar juntos, los dos, en un futuro. Ella me decía que le parecía muy difícil, que le gustaría tomar ese paso loco, pero a la vez le daba miedo, que sí se podía imaginar teniéndome a mí como pareja y haciendo una vida juntos, pero no era algo que quisiera hacer ahora. No se veía haciendo eso ahora, estaba muy joven.
Mi cabeza comenzaba a regresar a otro tiempo, cuando yo tenía la edad de ella y pensaba lo mismo cuando se presentó la oportunidad, cuando no tuve el valor de tomar mi destino por las manos. La entendía, claro que sí. Entendía su miedo, su preocupación, pero hoy estaba yo del otro lado. Hoy ya no veía la vida con certeza o con precaución. Estaba pensando en sueños por cumplir y métodos a encontrar en el camino. No pensaba "y si no... ". Por supuesto que puede ser que no, pero ¿y si sí?
Cuando se acercaron más los días ya no nos poníamos tan complicados, hablábamos de cosas más corrientes como hacer la maleta y qué cosas debía llevar para el viaje, qué quería ella que le lleve y qué actividades haríamos el tiempo que pasáramos juntos.
Salí de Lima con mucha expectativa y sin ninguna. Quería saber qué pasaría y ya estaba en camino, pronto lo averiguaría. La última versión de la historia que ella estaba escribiendo había cambiado un poco el desenlace, ella se había puesto un poco en paz con el personaje que la atormentaba al principio y en su viaje a Perú sentía una renovada libertad y se redescubría, el personaje basado en mí tenía un acercamiento muy fuerte con ella y el final quedaba abierto, ella no regresaba a su país. En la realidad, era yo quien ahora la iba a buscar.
Es la cuarta vez que iba a México, esta vez no era para conocer, pero ya que iba hasta tan lejos, siempre había algo nuevo para ver. Llegué a la capital y tomé el bus directamente hacia Puebla, Sinhue iría por mí y vería a Ingrid por la noche. Fue un viaje largo y prácticamente de todo el día. Sinhue me llevó a comer una delicia de tacos donde una señora de ascendencia japonesa y luego me hizo un recorrido por la zona y me dio algunos consejos para mi salida de más tarde, yo escuchaba, pero lo único que pasaba por mi cabeza era que ya iba a ver a Ingrid en tan sólo minutos. Llegué a instalarme a casa de Sinhué y muy pronto llegó Ingrid a buscarme. Se perdió un poco para llegar. Sinhue me dio muy gentilmente un juego de llaves para que no sintiera que molestaba si llegaba tarde y ese día llegué muy tarde.
Ingrid salía de trabajar y me explicaba que no íbamos donde su hermana que estaba de cumpleaños como era originalmente el plan, pues el tipo de reunión que iban a tener no era de su mayor agrado y ya había avisado que no iba a estar. Me llevó a pasear un poco por la ciudad y estaba nerviosa, entre la cosas más obvias, por el hecho de que se había perdido un poco en las direcciones que le dio Sinhue para encontrarnos. Cuando bajamos por fin del coche, a un mirador en el que minutos antes había pasado con Sinhue, necesitaba tocarla, necesitaba tener ese contacto que no podía por el Skype y que había sido la razón de todo este desplazamiento hasta el otro hemisferio. La abrazaba y la seguía tomado de su mano, había un espectáculo de luces y agua donde contaban una historia tradicional de la ciudad. Quería besarla. Cuando acabó la leyenda, salimos para volver al auto y la retuve. Ya no podía esperar más. Me quedé mirándola como explicándole que necesitaba algo y ella ya sabía qué era. Se reía y hablaba mucho, como para desviar la atención hacia otra cosa. Pero ya era mucha espera, la acerqué a mí y vi poco a poco como su sonrisa se acercaba y ella cerraba los labios para dejarlos poner en contacto con los míos. Necesitaba tocarla, sentir su piel, su caricia. Vine hasta aquí para esto, y era lo que tenía ganas de decirle. Sentí su beso reacio, como si no quisiera besarme. Aún así fui encontrando un camino, para ir sintiéndonos más cómodos con esto que estábamos haciendo por primera vez en casi 4 meses sin vernos. Teníamos una noche larga por delante y un día completo más al día siguiente.
El viaje comenzó a desdoblarse, estaba este viaje actual donde Ingrid y yo comenzábamos a conocer nuestras caricias, nuestro tacto y donde yo sentía que poco a poco nos íbamos sintiendo cómodos haciéndolo y estaba el otro viaje, el de adentro, ya estaba yo volando con la idea de hacer de esto una realidad consistente, sea donde fuera. Si quería Ingrid que nos quedáramos en Puebla, nos quedábamos, si quería aventurarse a otro país, así sería, o si quería la "tranquilidad" de vivir en Lima, a donde yo ya estaba habituado, bienvenida sería. Si bien la vida no es tan "tranquila" en Lima, era la vía más fácil, tengo un trabajo más o menos sólido, tengo un consultorio que puede ser empujado a ser más productivo, tengo donde vivir y en mi país es muy fácil que Ingrid trabaje siendo extranjera, aún si se pospusiera lo del matrimonio. Es más difícil para mí en México, ellos tienen reglas más estrictas para la migración, en Perú somos de hecho muy abiertos, casi irresponsablemente. Es por muchas razones una forma de comenzar más ventajosa, pero viéndolo desde otro punto de vista, eso la alejaría de los suyos, la posibilidad de continuar sus estudios se haría más costosa, estaría pasando de una vida de hija a una vida en pareja y deseaba experimentar la "independencia". A veces creo que la estaba poniendo en aprietos y no era ese mi objetivo, pero claro si se ve desde la perspectiva razonable común de lo que se supone debe ser un adulto responsable, le estoy ofreciendo un camino al abismo, una puerta a quién sabe qué. Quizás era mucho pedir, era insistirle mucho cuando le decía que sería donde fuera y ella no quería eso.
Después de unos días junto a Ingrid, pasé una mañana y tarde con Sinhué camino a un zoológico abierto donde pude conocerlo un poco mejor. Me estuvo platicando mucho sobre su vida y como tenía lo que ahora tenía y era lo que ahora era. Eso me puso un poco en perspectiva. Uno no es hasta que hace o se pone a hacer, sea lo que sea.
Partí unos días a Chiapas, fue bueno tener unos días para caminar, para leer, para meter nuevas imágenes y tiempos a la mente y también para meditar sobre lo que soy, sobre lo que hago, sobre por qué me gusta lo que me gusta. Pensaba mucho en Ingrid, en regresar para tener un tiempo más con ella, pensaba que aún no conocía a sus seres cercanos, quizás no quiere que conozca a la familia, quizás porque no desea enfrentarme a ellos o porque simplemente la opción de verme junto a ella se le hace cada vez más borrosa.
Al volver fui a buscarla, tomé un micro a Cholula desde la estación y comencé a caminar por esa pequeña ciudad con tanto encanto. Era un día soleado y ya le había avisado donde estaba, mientras tomaba fotos a los portales y los escenarios de su Zócalo. Y ella vino, esta vez ataviada en un tono más moderno, risueña como ella sola y fresca, el cielo azul y el sol eran un complemento esplendoroso de tanto brillo que ella transmitía. La abracé con apego, la había extrañado tanto, le pedí que nos quedáramos un ratito en ese lugar, en nuestro punto de encuentro, donde suele pasar todo en Cholula. La miro y sé que la amo, que no me importa qué decida, este ser adorable puede alejarse todo lo que quiera y no importa, en mi corazón se queda esta imagen que ahora vivo con una presencia tan fuerte que no se va a borrar, la amo tanto que ya no es tan importante tenerla, me encantaría, pero sólo si eso la hace feliz, que sea feliz es lo que deseo. Me había dicho que me prepararía sushi así que fuimos a hacer las compras y luego me llevaría a su casa a tomar un baño y presentarme a su familia.
La familia de Ingrid es encantadora, todos tienen una sonrisa acogedora, pero la mirada de recibimiento de su madre me llegó a poner un poco en cautela. O no sabía que yo llegaría o no le parecía buena idea, fue lo primero que se me pasó por la mente. Luego conocí a las hermanas, ellas muy alegres y amables, me miraban con un poco de extrañeza, pero hablaban con tanta sinceridad, diciendo cosas que hasta me podían hacer sentir incómodo que la verdad produjeron el efecto contrario y me daban más confianza. La mamá de Ingrid comenzó a hacerme preguntas más dirigidas hacia mis planes con Ingrid y era curioso contestarlas cuando no sabía muy bien ni siquiera qué quería Ingrid. Recuerdo haberle preguntado varias veces ¿Qué somos, Ingrid? Lo decía en plan de saber qué hacemos, se usa mucho en mi país para preguntar a dónde vamos. Ella solía contestar: no sé, no sé. Tomándose la pregunta con mayor profundidad a la que tenía. Fue extraño escucharle la pregunta a su mamá. ¿Y bueno, qué son? Somos... Miraba a Ingrid pidiéndole ayuda, ella me decía que su mamá sabía todo, pero esto era algo que ni ella misma sabía, yo menos, pues aunque podría definirlo desde mi lado, la pregunta solicitaba una respuesta en conjunto y eso no era muy claro. Más allá de qué fuéramos, creo que correspondía preguntar qué queríamos ser. Y mi respuesta a esta pregunta sería muy simple. Yo quisiera seguir siendo y me encantaría serlo junto a ella. Yo quería ser feliz con ella y que ella fuera feliz conmigo. La tarde acabo entre sushis corregidos, la llegada y desaparición del papá y el hermano, tocata y fuga. Se quedó conmigo hasta después de la medianoche, pues se había enterado recién que era mi cumpleaños el día siguiente y se enteró su familia que cumplía 37. Es mucha la diferencia de edad supongo cuando se hacen las restas. No me lo parecía. Me parecía que éramos seres muy similares, con sueños parecidos, con trayectorias confluentes, personalidades complementarias, en fin... suena cursi, pero lo diré porque pensé que podríamos serlo, podríamos ser "el uno para el otro". Se quedó conmigo haciendo tiempo, nos besamos mucho, pues ya no nos íbamos a besar en mucho. Quedó en buscarme a la mañana siguiente para despedirnos
Lo que sigue lo resumo rápido, pasamos un día como enamorados, caminando por el centro de Puebla, tomados de la mano o abrazados, besándonos entre tanto y tanto, probamos chiles en nogada con sabor a tradición, tomamos unos pulques, unas nieves, quedamos en volver a vernos en el verano del sur para pasear por Buenos Aires y Montevideo. Yo volví a la capital, pasé unos días con Rosita, Mónica y luego Sinhué cuando nos dio el alcance, y les conté mi periplo. Ellos se invitaron a la boda imaginaria en la Catedral de Puebla. Volví a Lima para continuar el viaje interno, había pasado tanto. Platicamos mucho en internet después, la extrañaba mucho, necesitaba saber cuál era el siguiente paso. Un día le mandé una oferta de viaje de México a Lima. Otro día le pregunté qué pensaba. Otro día descubrí que ya no estaba mucho en sus planes lo de ir a Uruguay conmigo. Luego descubrí que se lo había estado pensando mucho y no se veía en una relación por ahora, que quería disfrutarse sola por un buen tiempo, que no era justo que me pidiera que la esperara, que tenía planes y era mucho sacrificio aparentemente involucrarme en ellos, no importaba, ya la amaba y no iba a seguir insistiendo, no podía obligarla a tomar una decisión sobre un futuro juntos cuando ella no se sentía lista, no quería someterla a una ansiedad innecesaria, no podía pedirle que pensara en mí cuando quizás lo que quería ahora era irme borrando de sus planes. Esa noche amanecimos juntos sin despegarnos de la pantalla, nos estábamos despidiendo. Le comenté algunas estupideces como que quizás la eliminaría de la red social para no enterarme de su vida por un tiempo, pero que ahí estaba el correo para que me contactara cuando lo necesite. Siempre que me escribiera algo en lo pronto le respondería un "te quiero". Han pasado varios días y la extraño mucho, extraño la idea y la esperanza de que un día fuéramos los dos juntos, mientras trato de hacerme la idea de que ya no tiene caso, de que es algo que ella no quiere y no va a pasar y yo tengo que hacer algo con mi vida, encontrar a ese tipo con sueños que sigue ahí dentro de mí y darle alas para que vuele tan alto como pueda. A veces la releo y leo las leyendas que publica para todos, veo las fotos que tengo de ella, pensarla me deja sonriendo. A veces me escribe y le respondo que la quiero. A veces me quedo mirando los mensajes antiguos y llega uno nuevo. La amo y se lo dije y estoy contento de haberlo hecho, quiero creer que ella sabe que no lo dije por decir. Cierro los ojos, pienso en el amor que siento, tomo aire, es hora de salir de la cama. El viaje sigue, la vida no se ha acabado, todavía no.