viernes, 17 de noviembre de 2006

1. Cajamarca

Comienzo a dar algunos datos. El bus a Cajamarca en semicama de Cruz del Sur estaba 85 soles, yo creo que bien pagados, pero siempre se puede encontrar transporte por menos dinero. Me dejaron en su estación y luego de mirar bien mi mapa, salí a caminar. No pregunté por mi pasaje de regreso.
Así pasaron las cuadras y el sol se comenzó a poner más fuerte. Preguntando se llega a cualquier parte dijo alguien por ahí. Y en unos minutos más, ya estaba en la plaza de armas, averiguando tours. El city tour como siempre sólo sirve para averiguar qué es lo que se visita y después uno lo hace por su cuenta. Y eso fue más o menos lo que pasó, luego de dar vueltas y vueltas buscando hospedaje económico, llegué a un hostal más o menos de confianza, pero cuya puerta principal estaba cerrada. Entre por la vuelta, me dijo alguien. y me metí al hostal. La habitación estaba a 15 soles, había encontrado otro a 10, pero este se veía mucho mejor. OK, pero sin agua caliente, con agua caliente 5 soles más. A bañarse con agua fría.
Regresé a pedir un tur para la tarde y a negociar el costo del tur. Estos oscilan entre 20 y 25 soles, pero conversando se puede convenir en 18 y 22 soles, que fue lo que pagué. Cualquier rebaja es ya algo.
A caminar y caminar, a la colina de Santa Apolonia, a la silla del Inca, a resguardarse un poco de la lluvia que amenazaba, a seguir leyendo hasta las 3:30 que empezaba el tur y continuar el día. Mi primer tur fue a Collpa y fue de corta duración, este es de los que cuestan 18. La chica me dejó esperando un rato y después me acompaño bajo la lluvia a subir a una combi que ya llevaba a algunos pasajeros, a media cuadra subieron otros, el guía se presentó y comenzamos. Mi combi iba cargada principalmente de jóvenes mayores de 30, principalmente, y un trío de señores de mayor edad. Yo, muy callado, miraba con atención por dónde me llevaban. Recorrimos una hacienda con cierta historia, vimos como llamaban a las vacas por su nombre y luego nos invitaron un poco de manjar blanco, lo que en otros países llaman dulce de leche, arequipe o cajeta. El de Cajamarca es uno de los que más me gusta, sino el que más. Pero sólo compré una chocoteja como quien rompe la dieta y seguí.
Al verme tan callado, uno de los tripulantes me comenzó a hacer el habla. Vengo de Lima, recién he llegado hoy. ¿A qué me dedico? Hmm… soy músico. Y en ese momento me volví músico, jajaja. Fuimos a ver unas cataratas y de ahí a los baños del inca, jajaa. Muy divertido. Unos niños antes de llegar a la entrada a las cataratas jugaban pataditas con lo que parecía ser tejido orgánico, sí efectivamente, ese tal “copocho” le había pertenecido a un animal antes, para ser exactos era la vejiga de un cerdo, que estos niños habían inflado a manera de pelota. Se me vino a la cabeza el término “bladder”, que usamos para describir el interior de las pelotas y que en inglés significa precisamente: vejiga, y lo asocié por alguna extraña razón al rugby o al fútbol americano.
En el camino escuchaba la conversación de una chica que al igual que yo viajaba sola y era como de mi edad(creo) y que si mal no recuerdo se llamaba Patty, con un señor ya mayorcito que me comentó venía de Chachapoyas vía Celendín, ambos destinos se me proyectaron en un mapa imaginario. Ya vislumbraba con poca certidumbre mi próxima parada. A las cataratas llegamos a paso de tortuga, debido a la espera de nuestros compañeros más veteranos. Los otros iban por encima de los treinta, otros ya muy cerca de esas edad. No me atrevo a decir que era el más joven.
El chico que me había hecho el habla, me convidó un pan de la zona, muy bueno. Me contó que habían estado el día anterior en una corrida de toros. Me cayó bien esta pareja, sin embargo, pues fueron de puro curiosos y al parecer estaban en la hinchada del toro. Ahora después de leer la columna de Allan, parece que por fin mi cuento de toros va a tener un final acertado, quién sabe.
Por el retraso en nuestra caminata, llegamos a los baños del inca, de noche. No nos bañamos, aunque debo decir que casi compro una toalla y un bañador para tal cometido. No era parte de los planes del guía, sin embargo. Había unas ruinas dentro y tomé algunas fotos de las pozas en fondo nocturno. Llegamos a la ciudad muy tarde. Qué les vaya muy bien compañeros, en el resto de su viaje.
Esa noche, la primera en mi pichiruchi hotel de ducha fría(por no querer pagar cinco soles más), ya había planificado la manera más segura de piratear corriente sin que lo notara nadie, pero me pareció mucho trabajo para dos días que iba a hospedarme ahí. Caballero, aguas más frías he soportado. A leer y a dormir. La cama se hundía por su colchón sin esqueleto y al estar forrada de un plástico antimeones, rechinaba un poco, como alguna cama vecina, pero razones distintas. En algún momento y en la posición exacta, sucumbí a mi propio letargo. De súbito, quizás serían las 4 de la mañana unos gritos espantosos, el sonido de un cristal roto, llamadas, sirenas me alertaron y perdí un poco la calma y el sueño en definitiva. Tomó buen rato en parar el jaleo. ¿Un asesinato, violencia familiar, qué habría pasado?
A la mañana habíame decidido a cambiar de hospedaje por el escándalo madrugador. Salí primero a comprar mi pasaje a Celendín para la mañana siguiente. Era inútil, todo seguía copado, finalmente, al llegar a mi hospedaje para(ni modo) pedir otra noche me di cuenta que la puerta del costado, era otro hospedaje: el hospedaje al que me habían hecho doblar en primer lugar, pero se habían confundido de cantidad de puertas al dar la indicación. El precio era similar y se iba a desocupar una habitación. Mientras esperaba para que me mostraran la habitación pude escuchar la cháchara de unas doñas que se excusaban y lamentaban el hecho de tener una puerta de vidrio que al parecer una chica había roto, al entrar muy tarde y a oscuras, sacándose –sin abstenerse de decirlo- la entreputa. Comprendí que ese y no el mío, era el hostal de los gritos. Fui a ver la habitación y la verdad que mi cama blandengue del otro hostal todavía le guardaba cierta ventaja a esta. Ni hablar, pagué esta vez con mucha voluntad, mi segunda noche en el Hostal Neo Style. Una ducha, para refrescar la caminata aún reciente. Y a buscar el siguiente paseo. Nos vamos pa’ Cumbemayo. Ah, pero antes una vueltita por el minúsculo cuarto del rescate. Ah, ¿eso era? En fin…
Nos vamos pa’ Cumbemayo y la gentita se había repetido, ya no estaban los chicos con quiene había conversado el día anterior, pero estaba otra pareja del día anterior y también Paola, creo que ese era su nombre. Y además un chileno que osó hablar de pisco chileno y ‘a texan gringo’ que afanaba a Pamela, si es que esta vez no me equivoco de nombre. Cumbemayo fue un espectáculo: el sol radiante, los paisajes preciosos, petroglifos, naturaleza, la gente de la zona. Tuvimos que cruzar una grieta a manera de túnel para comenzar nuestro camino hacia el acueducto preinca de evidente técnología maestra que habían preparado en esa zona, nuestros ancestros, nuestros viejos sabios. Se hace tarde es hora de regresar al compás de unos carnavales.
¿Y a dónde comer?. Esa fue una tarea difícil aquella tarde, como tratar de ver los museos que incluía el ticket al cuarto del rescate al que había ido en la mañana. Llegué a comer unos frijoles con milanesa, finalmente y bueno los museos… llegué a la entrada. En uno nunca me abrieron, en el otro iba a ver un evento y habían tapado lo que estaba en exposición. Vi una iglesia bonita y con eso me tuve que conformar.
Último tour en Caxa y ¿quién será mi grupo? Esta vez si me mandaron al asilo. Era la combi de la edad dorada, la mayoría pasaría los setenta años. Iba a ser un paseo largo, esta vez a Otuzco, unos cementerios tipo nichos que se veían como una ventanitas donde al parecer dejaban sólo los huesos principales de un entierro anterior. En el camino un señor me comenzó a hacer la conversa y salió nuevamente lo del oficio y no sé para qué preguntan esto, pero a él sí le dije que era dentista. El por su parte me contó que había viajado todo el Perú y me recomendó una ruta alterna para llegar a Chachapoyas, que ya no podría seguir pues el pasaje lo tenía comprado. Después de conocer un lindo jardín botánico de hortensias, amapolas y otras flores poco comunes, nos invitaron un poco de chica de jora que un poco más y le pido la jarra a la señora y me l terminaba chupando toda porque estaba muy rica. Bajé a tomarle fotos a la famosa amapola, por cuya denuncia de tráfico daban muy buena recompensa en esa zona del país y en seguida a probar unas humitas saladas con queso que preparaban en la entrada, con un ajicito verde espectacular que me sirvió para esperar a que bajaran los viejitos.
Lo último que fuimos a visitar ese día fue un fundo lechero de tradición suiza que ya estaba cerrando también, por nuestras múltiples demoras. Nos explicaron cómo hacían manjar blanco, mantequilla y queso y nos llevaron a las bodegas para ver los quesos más grandes, que tenían mayor tiempo y que costaban un huevo de plata. Luego pasamos a la tienda a hacer una degustación y me encamoté con un queso Dambo con orégano que estaba buenísimo, pregunté si me duraría más de una semana que era lo que calculaba me quedaría de viaje y me llevé una porción, pues estaba un poco caro para mi presupuesto mochilero. El trayecto terminó como siempre en la plaza de armas de Cajamarca y me despide del señor deseándole buen viaje y el se despidió de mí llamándome “Doctor”. La palabra me sonó muy rara fuera del consultorio y con este aspecto destartalado de viajero inexperto, con chullo y barba. A caminar y probar un heladito de uva y café que me habían recomendado, muy bueno.
La noche no la pasé tan mal, me mudé de cama (habían dos en el cuarto), me bañé con agua fría, avancé mucho más con lo de mi libro y a pesar de que no dormí de corrido, mi sueño fue mucho más placentero que la noche anterior.