viernes, 17 de noviembre de 2006

Viaje Relámpago

Y es que ya un poco cansado de estar llamando cada dos o tres días a la Embajada de Holanda para saber si me daban o no me daban la dichosa visa schengen que los españoles muy ruinmente y sin ninguna justificación me habían negado, decidí que no podía dejar pasar más tiempo y tenía que hacer uso de mis tan merecidas vacaciones.
Fue así que luego de haberse pasado oficialmente la fecha para la cual había estado hecha mi segunda reserva aérea, esta vez rumbo a Holanda, avisé al trabajo que ya no vendría hasta el 6 de noviembre. Esto fue un jueves 19 de octubre. El viernes me acerqué a la embajada de España, pues un contacto me diría la razón de la denegación que era lo que hacía demorar tanto la respuesta de Holanda. Conversé con mi contacto español y al parecer ellos tampoco sabían de una razón oficial para la denegación. Me dijeron que iban a averiguar y luego me informarían. Podía hacer una carta simple para hacer esta solicitud. Les dije que yo no necesitaba esa información, pero que procuraran enviarla a la embajada de Holanda, pues ellos habían estado mandando correos electrónicos que no habían sido respondidos hasta la fecha. Al poco tiempo, se me informó extraoficialmente que la razón de la denegación había sido mi juventud, el hecho de que fuera profesional y mi solitario estado civil. Razones que, por supuesto, no se me había informado que serian impedimento, de lo contrario no habría ni siquiera empezado el trámite.
Así el lunes no fui al trabajo y el martes después de llamar por última vez al consulado holandés e informarles los detalles de la llamada recibida, tomé la iniciativa de partir. Si bien mi destino alternativo había sido Colombia, el hecho de querer dejar que el trámite siga su curso me dejó sin pasaporte, cosa que no me impedía hacer un viaje al interior, por el contrario, me alentaba a hacerlo.
Ya hace algún tiempo que Cajamarca se había vuelto un destino a visitar dentro de mi lista. Miré bien el mapa del país, algunas rutas posibles. Metí algunas cosas en la mochila, un poco de información sacada de la red y un "mamá, me acompañas a la Terminal de ómnibus". Llegamos. Compré mi pasaje. Salía a las 7pm. "¿Hoy te vas hijito?" Sí, dentro de un par de horas. Al regreso a la casa, compré un libro en un semáforo para llevar al viaje: "Travesuras de la Niña Mala", edición pirata a 11 soles. Y llegamos.
Alisté mi cámara, cargador, mi canguro, plata, otras ropas más a la mochila, pasta de dientes, cepillo, un peine por si acaso, mi música y listo.
En el camino se me fueron ocurriendo algunas ideas y ya proyectaba conocer algo más que sólo Cajamarca. ¿Qué sabía de Cajamarca? Que ahí capturaron a Atahualpa mientras se bañaba todo orondo, mismo yakuza. Y era eso lo que esperaba ver: la ciudad, los baños del Inca y el cuarto del rescate. Chau mamá.
Ah, mi buen libro, algo familiar al comienzo y era que las primeras páginas ya las había leído en una librería y seguí leyendo. El servicio en el bus, estuvo bueno. Nos dieron una pequeña cena y como me había propuesto bajar de peso, al día siguiente haría ayuno. Un par de películas y un bingo por el pasaje de retorno distrajeron un poco. El resto seguí con el libro y traté de dormir un poco, pero no se me hacía fácil, en fin, algo había descansado.